LA BUENA: el día final de la Semana de la Moda India, de la que somos patrocinadores con Chivas, y además organizábamos con 100 Pipers un concierto tributo a los Beatles.
Después de estar la mañana y parte de la tarde en la oficina, Rakesh me llevó al recinto ferial donde se cerraba la Semana de la Moda India de Delhi. Tras acceder al mismo, sorteando a los típicos seguratas igual de bordes que en todo otro país, encaminé mis pasos al stand de Chivas, que viene a ser un bar con música donde los más afortunados de entre los asistentes al evento pueden entrar y tomarse unas copas gratis. Tengo que decir que, dado el ambiente, era de la mejor gente de Delhi, y es que ya nos conocemos todos, incluyendo empresarios, modelos de primera y segunda, gays fingidos o reales, diseñadores reales o impostados, estrellas más o menos fulgurantes del papel couché local y gente de pelaje u origen similar, que venían a atestar el “lounge” especialmente entre pase y pase de colección.
Andaba yo por ahí y en una de éstas me senté a ver la fauna, cuando entró un equipo de televisión con el diseñador indio más famoso, Rohit Bal, y le entrevistó conmigo de fondo, pero vamos, en plan situación violenta porque tampoco sabes exactamente qué cara poner o cómo disimular. Bueno, para ésto, están los socorridos sms. Tras un rato allí, Rakesh y yo fuimos a ver el concierto tributo a Los Beatles.
En efecto, en este país si uno quiere hacer una promoción, no debe de irse más acá del Michael Jackson de “Thriller”, pues es demasiado moderno para ellos. Así, por lo tanto, podemos decir que veinticinco años de retraso en lo musical se añaden al retraso en otros aspectos de la vida, conocidos para quienes seguís estas cartas. Y si uno se va a los clásicos, no falla el tiro, así que hemso traído a una banda inglesa de esas que se pone pelucas, trajes y corbatas oscuras, imita las voces (incluso cuando hablan con el público) y los meneos de cintura y cabeza de los “Fab Four”. Y vaya cómo lo hacían los tíos, es que eran igualitos, y cómo se trabajaron al personal, empezando desde las canciones pioneras, y finalizando con las guitarreras de su etapa última (la única que me gusta), cambiando el atuendo, atendiendo peticiones del público, sorteando cd´s e incluso animando a la gente a tomarse fotos con ellos. Y tan buenos en el escenario como fuera de él, vaya tíos tan simpáticos, no parecían ingleses….
Ya animados tras el bailoteo sesentero, y como traca final, fuimos a la fiesta oficial de cierre de la Semana de la Moda, bastante exclusiva la verdad, pues un montón de guaperilla/os de tacón alto, músculo anabolizado, gafa de sol (les molestará la oscuridad), anchos de espalda y estrechos de culo (maricas seguro) y aspirante B a Bollywood se quedaron fuera intentando encontrar a alguien que les colara. La fiesta, la verdad, no estuvo mal:
- bien la música (en cuanto a la calidad, pues el sonido era para Beethoven, atronador),
- muy buen nivel de tías (cosa importante aunque sólo se vayan a ver desde la barrera, como es mi caso, y aún así genera autoestima que alguna guaperillas le saluden efusivamente a uno, y más aún si se trata de una ex Miss India como Gul Panag)
- bastante gente conocida, entre ellas Miss Elena, que anda liadade trabajo y no la veía desde antes de las vacaciones de verano en USA
- un frío de pelotas en el bar, fruto de la afición de esta gente al aire aocndicionado, que hizo que todo el mundo saliera a la terraza exterior, empezando por una estrellita de Bollywood llamada Ranbir Kappor que llegó precedido y escoltado por una tropa de guardaespladas que ni en número ni tamaño tienen nada que envidiar a Obama.
Y así acabamos la nohe a las dos de la mañana………..
LA MALA: Rakesh me pide permiso para ir a recoger a su padre a la estación de tren, pues llega enfermo desde su pueblo.
El día anterior le pregunté a Rakesh si ya se había sacado los billetes de tren para ir en Navidad a su pueblo, y me comenta el pobre que hay cambio de planes, que su padre anda pachucho, y que mañana (por el Jueves, llega a Delhi). Y me pide permiso para poder ir a recogerlo a la estación con mi coche, cosa que por supuesto le permito, a pesar de que posteriormente me quedé colgado para la hora de comer, debido al (previsible) retraso del tren: tres horas.
Posteriormente, vamos a la Semana de la Moda, y él, que es un gran conductor y muy orgullosos de su trabajo, logra sortear las numerosas barreras y dejarme en la mismísima puerta, donde me recoge al rato para llevarme al concierto de los Beatles. Y al rato, me manda un mensaje que reza tal y como sigue: “can you come with louren. i hav go home.becaos my fathar is dad.he is no more”. Clao, salgo escoteado y veo al pobre hombre con lágrimas y le digo que se vaya a casa, que yo ya me las ingeniaré para ir a la mía (a hora y media de camino, o a 600 rupias de taxi).
Al día siguiente me manda un mensaje según el cuál va a venir a la oficina a verme a las cinco de la tarde. Tras darle el pésame, que él estoicamente acepta copn un “la vida es un drama”, me dice que necesita tres semanas, tres libres. Hombre Rakesh, sé cómo te sientes, pero tres semanas, pues es mucho, y más cuando en breve viene mi madre y te necesito como agua de Mayo para que la lleves por ahí. Una semana está bien…. Y me explica que es que no va a poder trabajar, porque se va a rapar la cabeza y va a llevar un especie de túnica y que no, que no puede conducir. Rakesh, por mí, te puedes poner una gorra, y esa túnica, por incómoda que sea…¿cómo te va a impedir conducir, máxime cuando mi coche es automático?
Total, que recabo la ayuda presencial de El Conseguidor, pues hay que decir que a éste pocas se le escapan vivas. Y me explica que, en India, hay una costumbre funeraria, digo yo que equivalente al luto de antaño, según la cuál el hijo mayor de la familia se debe de afeitar el pelo de la cabeza, ponerse unas ropas ceremoniales especiales, y enclaustrarse en casa durante trece días seguidos, y que es ésto de obligado cumplimiento o si no, no puede volver a su pueblo.
Resultado, Rakesh pierde a su padre y yo pierdo a mi (fiel y magnífico) conductor justo en las fechas próximas de la visita de mi madre. Y así, dentro de esta tragicomedia subcontinental que vivo, en un mismo día se pasa del todo a la nada o viceversa sin aviso ni posibilidad de previsión.