
Exactamente dos años después regreso a China.
Recuerdo el impacto enorme que este fabuloso país me causó, su dinamismo, su potencial, su deliciosa comida, su gente (tremendamente cordial y divertida), la mezcla enorme, en fin, entre su herencia cultural y su acelerada carrera hacia la modernidad. Beijing (Pekín) contrasta con Shanghai, más tradicional y autóctona la primera, cosmopolita y canalla la segunda, donde por cierto, vine para tres días y me quedé diez.
Habiendo estado el fin de semana pasado en la remota frontera indo-china de Ladakh, en los Himalayas, este fin de semana hemos venido a esta ciudad costera, comercial y colonial, cuna del partido comunista chino, y que ya en el s. XIX era considerada una de las principales urbes del planeta. Nuestro objetivo, doble: por una parte, que Lauren “experimentase” china, después de haber viajado juntos por Asia, y el otro….visitar al sastre que en mi primera visita me hizo un par de chaquetas, y muy bien, por cierto.
Teniendo en cuenta que el viaje es algo paliza, pues son cinco horas a Hong Kong, y luego otras dos hasta aquí, los tres días han sido algo escasos, pero ha merecido la pena:
- en el control de pasaportes la agente de inmigración fue a estampar mi pasaporte, y de repente empezó a mirar mi foto de nuevo, contrastando con mi cara, y otra vez, pasaporte, foto, pasaporte, foto, y de repente saca una lupa y la mira de cerca, y claro, uno preguntándose qué pasa, pues al fin y al cabo esto es China, y su régimen pues no es el de Holanda, precisamente. Me pregunta si no tengo otro documento con foto, y como le enseño el dni indio (que es como el dinero del Monopoly, pero era lo único que tenía a mano), y me dice que es que no parezco yo en el pasaporte, que estoy más delgado, con la típica sonrisa oriental casi pidiendo perdón por ese comentario, aunque a mí me pareció casi un cumplido, y así me lo tomé.
- Del aeropuerto de Pudong decidimos ir a la ciudad en el Maglev, tren que sobre raíles, y a una velocidad punta de 450 km/hr, traslada por 5 euros a los viajeros en un auténtico santiamén. Recomendable.
- Nos aojamos en el hotel Astor House, el más antiguo de China, construído a mediados del s XIX y con un inequívoco sabor colonial británico, residencia temporal de los más ilustres visitantes de la ciudad, como el General Grant, Marconi, Bertrand Russell, Chaplin o Albert Einstein, en cuya habitación nos quedamos. Nada que ver con los ultra modernos hoteles-rascacielos de la ciudad, pero mucho más atractivo, y excelentemente situado en el Bund, o zona con los edificios coloniales decimonónicos.
- Por supuesto, tras dejar el equipaje, y pegarnos una ducha para despejarnos del viaje, tomamos un taxi para ir al sastre y así asegurarnos de que tendremos suficiente tiempo para que nos tomen las medidas, hagan los trajes y camisas, e incluso corrijan defectos. Como en esta ciudad hay tantos taxis, y son tan baratos (un trayecto de 15 minutos sale a euro y medio), n hay ni que plantearse otro método de transporte. Lo que hay que asegurarse es que en la recepción te escriban en chino la dirección de destino para que el conductor la lea y evitar equívocos.
- De camino, sufrimos la gran cantidad de obras que alborotan la ciudad, que se pone así guapa para la Expo 2010, a pesar de que generan gran cantidad de un molesto polvo. Aún así, recuerdo perfectamente el trayecto, las calles, la orientación….todo. Mola.
- Llegamos al “Fabric market”, que es un centro comercial de tres plantas con cientos de pequeños puestos llenos de telas, sedas, patrones, y laboriosos y honestos chinos. Recuerdo inmediatamente “mi” sastre y nos ponemos Lauren y yop en sus manos. Lo que en principio iba a ser algún traje y chaqueta, acaba siendo..me callo….Eso sí, Lauren le ha cogido el gusto español a nuestras camisas y también se borda las iniciales (eso sí, en las puñetas, en el pecho queda demasiado erótico para la India). Va a causar sensación en la Embajada. También nos hacemos un traje idéntico, raya diplomática, por hacer la gracia. Un traje cuarenta euros, una camisa ocho. Estarán en 36 horas. Ella se hace unos trajes en otro puesto, de seda china. Yo descubro un zapatero (no confundir con Zapatero) que los hace a medida, tarda 3 semanas, pero las muestras y catálogos son de cortar la respiración, y caigo como un cotorro. Me los envían por correo a la India, a ver qué tal….
- Sábado noche salimos con unos amigos de aquí, Andrew, irlandés que lleva Jameson para Asia, y su novia Tracy Wang que es la responsable para China de Chivas. Tomamos una primera cerveza en una terraza enfrente de los rascacielos de la ciudad, llenos de neones, vídeos en sus fachadas, comerciales, es una especie de Blade Runner. Luego nos llevan a cenar a un sitio con “dumplings” y tallarines, y verduras, todo exquisito. Vaya comida tan rica, y por cierto, los precios, la cuarta parte que en la India. La calidad, incomparable. Acabamos tomando una copa en un terraza en una calle peatonal donde se divierte gente de todo el mundo. La noche es calurosa, y estamos encantados de pasar unos días en un sitio civilizado.
- Amanecemos y vamos al “Fake Market”, otro centro comercial donde los cientos de puestos venden imitaciones de cualquier marca de ropa, calzado, abrigos, maletas, móviles, consolas y todo tipo de purrusaldas que os imagineis. Imposible entrar y no comprar. A pesar de que nos hemos impuesto unas “restricción total”, aparte de la maleta que cada uno queríamos llevarnos, caen un par de chominadas más. Hay un montón de turistas, pero la mayoría son españoles; toma crisis.
- Comemos en un restaurante que recordaba de hace dos años, y nos ponemos tibios. Los tallarines fritos con marisco y los dumpling de cangrejo y ternera están de flipar. No llegamos ni a quince euros los dos, cerveza incluida.
- Domingo noche, vamos a un club de jazz y blues, y una banda de Boston toca durante casi tres horas. Al principio la audiencia es algo patética; excepto tres o cuatro chinas, casi todo son extranjeros, muchos de ellos hombres solos apoyados en la barra y su cerveza, un par de tías con pinta de Lidia Falcón, una guiri con vestido de lentejuelas que deja ver más que adivinar, un fulano melenudo, 150 kilos de peso, y un tatuaje de águila en el antebrazo. Según avanza la noche, esto se anima, y la gente sube al escenario a tocar con la banda. Uno de los solitarios borrachines toca la guitarra bastante bien, pero el mastodonte tatuado, que se ha hecho colega mío (él es de Nápoles y se pensaba que yo era italiano), sale a tocar y parece BB King, no sólo por el volumen, sino también por el temple a las seis cuerdas (por cierto que en medio de ese volumen corporal, la guitarra parecía de juguete). Luego Gaetano, que así se llama, nos presenta a su novia, a la que mínimo dobla en edad. A mí me da que Gaetano se debe de dedicar a algún negocio raro, bueno, no sé, para qué especular.
- De vuelta al hotel, como no tenemos suficiente, irrumpimos en un disco que está al lado, para delicia de los chinos, sobre todo, cuando Lauren, maestra de ceremonias, se sube a un podio y se pone a bailar, invitando a más gente con ella.
- Amanecemos de aquella manera y vamos a recoger los trajes. Tienen que hacer algún ajuste , cosa rápida, pero en general, el resultado es bastante bueno. Así que tomamos un taxi, y con nuestras compritas, volvemos al estupendo aeropuerto de Shanghai, y aqui estoy escribiendo esta historia. Que continuará, porque aparte de que la ciudad me chifla, como los zapatos estén bien creo que algún par más cae……
Acabo. He intentado no comparar los das “potencias emergentes”, China y la India, básicamente porque no hay punto de comparación. Ninguno. Lo malo es que hay gente que tiene la potra de estar destinada aquí y otros estamos allí, y encima oyendo lo afortunados que somos por vivir en el súmmum del mundo que es la India. Bueno, no hay más que ver los resultyados de las últimas Olimpiadas para comparar ambos países…..Paciencia……
PD: por copiar, los chinos copian hasta nuestros jamones…..como veis en la penúltima foto….







