Simla fue, desde el último tercio del s XIX hasta que los ingleses se emanciparon de la India, la capital de verano del Raj, por su ubicación y clima, que hace recordar a Suiza, los Apalaches o… Cantabria….
PERSPECTIVA OBJETIVA
Tras dejar las maletas en nuestor hotel en Simla, y animados por el clima lluvioso, plomizo, nublado y fresco, vestidos con chubasquero, pantalón corto y gorro de lluvia salimos a dar un paseo por la ciudad. Se veían muchísimos “veraneantes” sobre todo de Delhi, inconfundibles por sus modales, o más bien, la falta de ellos, y no en vano sigue siendo un destino favorito para escapar del calor seco de la capital, que está a menos de una hora de vuelo.
La ciudad en sí es pequeña pero sorprendente. Enclavada en varias montañas, con calles empinadas, y rodeada de bosques de preciosos cedros del Himalaya, tiene una apreciable herencia colonial británica, que se observa en varios edificios neogóticos, la estructura de las calles del centro (jardines y avenida principal peatonal), desagües, muros de contención (imprescindibles en estas laderas), y además leemos que ya hace un siglo contaba con tuberías, tendido de teléfono y una línea de tren (que teniendo en cuenta esta orografía, tiene mérito). Y es que hay que considerar que desde esta pequeña villa en su día se regían los destinos de una quinta parte de la Humanidad.
Lo malo es el estado de algunos de estos preciosos edificios. Junto al coraje y capacidad emprendedora de los ingleses, de hacer lo que hicieron en estas condiciones, y dejar este legado para el futuro, uno se pregunta cómo va a acabar esta herencia, pues ya muchos de esos edificios están en estado de pre ruina, abandonados, desconchados y dejados de la mano de Dios. Y me temo que en otros 50 años así van a desaparecer. Eso sí, ellos alardean de todo lo que llegço a hacerse como si lo hubieran hecho ellos, y en realidad la mayoría del legado histórico, magnífico por otra parte, de este país es obra de sus sucesivos colonizadores.
Una de las mañanas, cerrada en agua y niebla, dando un paseo hasta los límites del pueblo, entre cedros y pinos, rodeados de casas victorianas, parecía que uno estaba en Sheffield (donde no he estado en mi vida) o en la Península de la Magdalena (donde hace un huevo que no voy). si exceptuamos las decenas de monos salvajes que pululan por las calles, y que desayunan en los contendores de basura, en un perfec to ejercicio de reciclaje. Nótese que aunque primitivos y destripados, hay contenedores de basura, lo que quiere decir que el poso colonial dejó algo de civilización.
De retorno al aeropuerto, bajando las montañas en un día raso, de repenete vimos como los cedros fueron sustituidos por pinos – la magia de Simla desaparecía para volver a la realidad del “Subco” (subcontinente)
PERSPECTIVA SUBJETIVA
- Despertamos y vamos a Simla. Como el vuelo es temprano, desayunamos mejor en el aeropuerto, donde hay un pizza hut con una extra de queso bastante buena, éso sí, si nos acordamos de decirles que no echen picante. La llegada es fenomenal, con la nueva terminal, todo mucho mejor. Pues será que las cosas cambian….en la puerta un mozo nos recoje las maletas y las lleva al mostrador, la facturación apenas dura 3 ó 4 minutos, el descontrol de seguridad lo hacemos rápido, y aquí estamos pidiendo la pizza, que tarda unos 10 minutos. Y en ese intervalo….se anuncia el embarque del vuelo, pero bueno, puntual, ésta no es mi India. Así que le pedimos al encargado si nos la puede preparar para llevar al avión, y que sí, que con mucho gusto Sir, lo que Ud pida, Sir etc. Y tras la “Preparación”, que consiste en enrrollar el cartón de la pizza con celofán de Albal, bajamos a la puerta de embarque, y hay poca gente, así que ésto está chupado. Pues no.
* Acceso a la puerta de embarque: presentado el “borading pass”; sin problemas, el militar (o policía, ya sabeis que según en qué países es imposible distinguirlos ni por su uniforme, ni por su armamento, ni por su falta de educación) me dice que qué es”éso” que llevo en la mano (aclaro: caja de cartón cuadrada con la marca “Pizza Huy” por los cuatro costados), que para embarcarla necesito el “ticket”. El recibo, vaya. Le pregunto otra vez, pues creo que me he equivocado, y el amable azafato de la aerolínea hace de intermediario, pero hombre, cómo le pide el ticket, no ve que es un pizza. Pues el tío, todo farruco, que no y que no, que sin el ticket no entra la pizza. Así que ahí que me voy otra vez las dos plantas para arriba y al amable encargado le pido el recibo, que rápidamente saca de la basura y me entrega. Bajo a la puerta de embarque, entrego el recibo y el militar lo mira, lo lee (es un suponer) y arranca una esquinita, me lo devuelve y me dice que ya puedo pasar. Vamos, como loa antiguos revisores de los buses de la línea Cazoña – Sardinero, que cuando te quedaba un viaje del bonobus, en vez de perforarlo en la maquinita, lo rasgaban, que es más operativo.
* Montamos en el bus hacia el avión (la nueva terminal nacional, dos meses de edad, carece de fingers). Ya estamos en ruta, en un vehículo algo antiguo, pero eso sí, con el aire acondicionado a toda leche y un vídeo promocional de la independencia de la India, llena de lemas como “miramos por el retrovisor nuestros logros” o “celebrando el éxito mundial de India”. Yo ya paso del tema, si bien me llama la atención que está patrocinado por el equipo de F1 “Force India”; que creo es el último de todos. Bonita comparación, quizá sea una metáfora del quiero y no puedo subcontinental. En fin, que ya a escasos metros del avión, avanzando a velocidad de crucero por la pista, ¡ zas !, se nos cruza un mini tractorcillo con tres remolques cargados de fardos, y tenemos que pegar un frenazo de aúpa, con los consabidos bocinazos entre los vehículos. De chiste, pero lo que no fue tan graciosos es la hora que nos tuvieron encerrados en el bus esperando a que solucionasen no sé qué problema en el avión, escuchando una y otra vez el dichoso vídeo a quince grados de temperatura. Al menos la pizza cumplió su función (ante los ojos envidiosos del resto del pasaje).
* Llegamos a Simla. Tras ir en un “taxi” al hotel, llega el momento del “check in”. El recepcionista nos pide que le sigamos y que nos sentemos en unas butacas del hall para hacer el trámite. Mal síntoma. Tras pedirnos treinte veces el pasaporte y los teléfonos, que ya tiene en la reserva, nos dice que están arreglando la habitación, que está en diez minutos. Ya me conozco yo los diez minutos de aquí. A los veinte minutos le digo que nos vamos a la cafeteria a tomarnos un café (ella, yo un remedo de cola cao) y a los cuarenta y cinco minutos ya casi a punto de ahogarle nos da por fin las llaves.
* En el primer paseo por la ciudad, vemos a los jóvenes lugareños, con uniforme cruce entre los Gurkhas y los Jóvenes Castores, “desfilar” es un decir, ensayando la parada del día siguiente. Prometo poner un vídeo porque merece la pena, es casi imposible hacerlo peor, ni adrede, cada uno a su ritmo, sin preocuparse de sincronizar con los compañeros. Vamos, como funciona todo en este país. (Manolo, prometo colgar los vídeos)
* El día 15, día grande para los indios, se les jode todo el desfile, y vaya por Dios, que tenían todo preparado con un primor….. unos tenderetillos así de apañados, unas sillas plegables de esas que se veían en la playa hace treinta años, y que ahora sólo se ven en los vertederos, pues esas, despeluchadas y todo, alfombras ya veteranas…y se les fastidia por la lluvia, pero lluvia de verdad, con ganas, de esas que van rodeadas de niebla, y todo el tinglado se resume en una alfombra empapada y llena de mierda, un patio de butacas propio de un circo de tercera regional vacío, y los pocos patriotas arremolinados bajo el toldo. Para celebrarlo vamos a comer a un restaurante barato y decente que descubrimos el día anterior, y cuando nos pedimos unas cervezas, nos dicen que no, que es un “dry day” y que está prohibido beber alcohol. Así que tras comer algo ligerito nos fuimos al hotel a tomarnos un excelente salchichón ibérico acompañado de una botellita de Mas Rabell blanco bien fresquito, a la salud del dry day.
* La partida: tras la botellita de vino y el salchichón, vamos a recepción a pedir un taxi para el día siguiente, pronto por la mañana (hay que estar en el aeropuerto a eso de las 8,30 y hay que tener un cuidado enorme aquí con los plazos de los desplazamientos). Total, que nos dice el dependiente de turno que el taxi al aerpuerto son 1,800 rupias, cuando, carajo, a la ida han sido 750 en base a un “fixed price”, y nos dice que sí, pero que ellos ponen un coche especial etc, así que le pedimos que nos llame a un taxi normal. Y va el tío y se niega. Que no, que no hacen eso. Que vayamos a no sé qué hotel y lo pidamos allí. Y no protetestes, que no vale de nada, pero como ya sabemos cómo anda el percal, pues ni nos peleamos, nos ponemos los chubasqueros, y a andar bajo la cortina de agua al hotel (cochambroso) ése, en el que un fulano nos arregla el taxi, nos dice que si las 7 de la mañana no es demasiado pronto. Y que son 1000 rupias y que le demos la mitad por adelantado. Verdes las han segado macho, que ya somos veteranos aquí. Ni un duro, hasta mañana a las 7 am.
* Madrugamos: por supuesto la llamada de recepción para despertarnos llega con 15 minutos de retraso. En recepción procedemos a pagar, y el mismo colega de la bienvenida nos pregunta que si hemos consumido algo del mini bar, y que no, y que va a llamar al servicio de habitaciones para verificar, y venga a llamar, y venga a llamar, y ya se me inflan las narices, por no decir otra cosa, y le cuelgo el tel´fono y le digo: el otro día me hiciste perder una hora, pero hoy no. Al minuto salimos por la puerta.
* El taxi de vuelta: sorprendentemente ha llegado a tiempo, asi que vamos con un margen de sobra. Y menos mal, porque de camino, el colega para a echar gasolina y saludar a un amiguito.
* Aeropuerto: en el mostrador nos ponen pegas. Que si hemos cambiado el vuelo, cuando en realidad nos lo han adelantado los de la compañía aérea (Kingfischer, los mismos que tienen el peor equipo de F1). Y a pesar de que tienen toda la información les lleva media hora de reloj verificar los cambios. Y os nombres. Y nuestra documentación. Y cuñal era el vuelo anterior. Y que por qué no les salimos en pantalla….. Uno ya se arma de paciencia y pasa, pero¡¡¡ joder, qué estrés !!!





