
Dificilmente nadie que haya vivido en la India habra oido hablar de Sikkim, e incluso entre la gente que ha tenido la occasion de visitar este pais, la notoriedad de esta region es minima. Y no debe de extranarnos, pues cuando uno visita este territorio aislado, nunca piensa que es India. Se trata de una de las ultimas fronteras, uno de los sitios mas remotos del mundo, uno de los ultimos y autenticos Shangri-La.
Si sera remoto, que se encuentra encajonado entre China, India, Bhutan y Nepal, ahi es nada (¿¿ cuantos estais yendo ahora a por los mapas ??); si sera diferente, que la etnia propia es de ojos rasgados, es decir, asiaticos puros, y la religión es la budista; y de su carácter fronterizo, sobre todo con China, deriva la dificultad del acceso para los extranjeros, que solo podemos acceder a Sikkim con un permiso especial (mola mas decir “salvoconducto”), y con los movimientos limitados dentro de la provincia.
Con ocasión de la nueva visita de mi amigo Luis, todo un valiente que repite, y de su hermano Jose, volamos de Delhi el pasado Sabado por la manana hacia Bagdogra, ciudad bengali con el aeropuerto civil mas cercano a China, y por tanto, el de acceso natural a Sikkim. Para que os hagais una idea, se trata de una estrecha lengua de territorio indioentre Nepal, Bhutan por encima de Bangaldesh. Estando en pleno inicio de la temporada de lluvias, el calor y la humedad eran agobiantes, pero para eso se ha inventado el aire acondicionado del Toyota que nos esperaba, y al que trepamos a toda viruta. Y empezamos el camino.
Saliendo de la ciudad, ubicada en uno de las tipicas llanuras subtropicales del Esta de la India (palmeras, arrozales, vegetación exuberante…pensad en Apocalipsis Now), y una vez esquivado el trafico endiablado de motocarros, bicicleteros zigzagueantes, vacas, peatones suicidas y camiones pintarrajeados, enfilamos las llanuras hacia una muralla enorme, verde y cubierta de nubes, que nos anunciaba de modo amenazante que estabamos a punto de dejar atrás las llanuras del Indo y nos esperaba esa formidable empalizada natural que es el Himalaya. Tras para con el fin de hacernos las fotos de rigor, empezamos a subir ya subir y a subir, curvas imposibles, peraltes vertiginosos, cuestas empinadisimas, me rio del Alpe D’Huez y del Angliru, y todo ello en una carrterucha estrecha, de dudoso firme, rodeada de chozas, tiendecillas, miles de paseantes por sus cunetas, llena de motocarros, camiones y todoterrenos llenos de personas que parecian concursar al “Que Apostamos” (a que meto a 30 en una furgo). Y ya en breve, según disfrutabamos a nuestra derecha de los precipicios y la vision de la llanura bengali infinita que ibamos dejando a la espalda, ya en breve decia que podiamos observar cambios, diferencias. Cada vez mas gente con ojos rasgados, tez no tan oscura, y una influencia britanica latente, pero evidente, no solo en los uniformes de los escolares, sino tambien en algunas de las casas de estilo Windsor y en edificios que acojen plantaciones de te. O en vano, estabamos en la comrca de Darjeeling, cuna de uno de los mas famosos tes del mundo, y que fue reclamo para que la Compania de las Indias Orientales se adentrase montana arriba. El tiempo nuboso, las plantaciones de te, la humedad en el ambiente, seguimos trepando montanas, y dejamos atrás las ultimas poblaciones de gente, y seguimos subiendo, y la vegetación es verde, salvaje, y paradójicamente hay momentos en que nos recuerda a Cantabria, a Asturias, y atravesamos rios sobre puentes precarios, y la carretera es cada vez peor, e incluso encontramos no pocas rocas producidas por desprendimientos.
Y enfrente de dos casuchas humildes, aparece otra senal en el camino: varias banderas de colores con letras escritas – oraciones, plegarias budistas, que el viento se encargara de esparcir por el mundo, según sus creencias. Parada, foto en medio de la vegetación, y proseguimos, mas chozas y cobertizos, mas que viviendas, a pesar de que bajamos algunas cuestas, pronto volvemos a subir, y seguimos adentrandonos en el norte, hasta que tras una esquina aparece un portalon con decoración inequívocamente asiatica, y un puesto policial: la “frontera”, pues ya he comentado que es una region cerrada al turismo libre. Tenemos que bajar, ensenar los pasaportes, que por cierto son sellados y los salvoconductos, y seguimos el viaje, y rios enormes y caudalosos nos flanquean, y nos sorprende que, a pesar de lo aislado de Sikkim, desde la misma linde con Bengala percibimos que las casas son mucho mejores, tambien la carretera, que todo esta como mas aseado, y hay mas dinero. Probablemente se deba al hecho de que casi no hay impuestos, y de la gran inyeccion economica que el Gobierno de Delhi hace en Sikkim, parte no pequena de la misma derivada de los miles de militares que guardan la frontera con China (quien por cierto, nunca ha reconocido a esta provincia como integrante de la India).
Llegamos ya de noche al hotel, con lluvia, y casi a punto de bajar del vehiculo, descubrimos a una nueva integrante de la expedición: una babosa o sanguijuela pegada al cristal del copiloto, por la cara interna del cristal. Asi que durante los escasos kilómetros que fuimos conscientes, no la quitamos ojo. Nos apeamos y la dejamos atrás….especialmente Jose, quien al quitarse los pantalones descubrio una llamativa hemorragia provocada por su nueva amiga, que probablemente se adhirió a la parte posterior de su espinilla al hacernos las fotos con las plegarias tibetanas. Mas aparatosa que grave, y desde luego, nada dolorosa, como buen español, se limpio la herida y se centro en lo importante en ese momento: salir a cenar y unas cervecitas, y tras volver, arrullado por los dulces ronquidos de mis companeros de expedición y los efluvios de la cerveza “Hit” (8 grados), nos dormimos como angelotes, y excitados ante el plato fuerte del viaje, que nos esperaba al dia siguiente. Era nuestra primera noche en la capital, Gangtok.






