Dice la “Lonely Planet’ que Udaipur es la ciudad mas romantica de Rajastan, y si esto es asi, se debe a un lago artificial hecho hace unos 300 anyos por el Maharaha de turno, y que fue bautizado como “Pichola” (esto no es chufla, ni el nombre es origen del romanticismo de la ciudad) y tambien al hotel Lake Palace, que se alza en una de las pocas islas que jalonan el lago, y que es uno de los mejores hoteles del mundo, según el tipico ranking hecho por alguna supuesta autoridad en la materia. Lo que catapulto a la fama mundial al hotel, y por extensión a la ciudad, fue el rodaje de algunas escenas de la película “Octopussy” de James Bond, película que, aparte de tener nombre de peli X, no ha resistido el paso del tiempo lo mas minimo.
Partiendo de estos antecedentes, nos fuimos alli el fin de semana pasado, con un romantico madrugon a las 5 am tras acostarnos pasada la una, y tras una hora y media de vuelo desde Delhi, aterrizamos en un pequeño pero muy coqueto y moderno aeropuerto que hasta tenia un jet privado. Se nota que es ruta casi obligatoria de turistas, a pesar de ser la ciudad turistica de Rajastan mas apartada del circuito ‘clasico’. Tras tomar un taxi , y recorrer los 25 kms de distancia a la ciudad por una autopista excelente para los estandares locales, y con un nivel de decibelios y respeto por la circulación increíblemente avanzado para la India, entramos en los suburbios de la ciudad, con el ya habitual paisaje de miseria, chabolas, y rios llenos de basura y mierda varia, tras lo que accedimos al casco urbano propiamente dicho, una vez mas, notablemente mas decente que el de otras ciudades indias, y ya no digamos sitios como Benares (ver entrada), que hacen parecer Suiza a Udaipur. En una de estas, vimos a un monton de cabras atadas a una verja y a un monton de paisanos por ahí merodeando, o hablando en corro, o llevandose a algunos de esos animales; según el chofer, se trata del mercado local, algo asi como improvisado en medio de la calle, y no se porque, emiti un balido que al conductor le hizo la leche de gracia, se meaba de risa el tio, asi que lo repeti, y va y me sigue, asi que los proximos 10 minutos me dedique a imitar a todos los animales que ibamos viendo por las calles, compitiendo con el taxista a ver quien lo hacia mejor, y os podeis imaginar que la lista es enorme: cerdos, burros, perros, caballos….y el hombre, que era la mar de salao, se lo paso realmente bien, justo al reves que Lauren, que estaba totalmente avergonzada,claro.
En estas, y con la garganta algo ronca (producto de las onomatopeyas, y tambien delpoco dormir), llegamos al embarcadero donde ibamos a tomar el barco que nos va a llevar al hotel. Ya notamos aquí que, tras las bombas de hace un mes, no debia de haber mucho turista, y nos vimos atendidos por un ejercito de trabajadores del hotel, que si uno te trae el agua, otro te sienta en el sofa bajo el toldo, otro trae la toallita humeda, otra te esta dando la bienvenida, otro te lleva el equipaje a un segundo bote (motivos de seguridad), y otra te acompana al barquito cuando este llega, capitaneado por un local vestido de primera comunión de antaño. La llegada, apoteosica: un autentico ‘rajput’ con bigoton y enorme y colorido parasol nos escolta mientras subimos las escaleras de mármol, y justo antes de acceder al vestíbulo, una lluvia de petalos de rosa cae sobre nuestras cabezas, solo unos instantes antes de que nos reciban con el punto rojo en la frente (yo me negue, por supuesto). En ese momento recorde que Lauren habia decidio hacer la gracia de poner “honeymooon” como “motivo del viaje” a la hora de hacer la reserva, y como vereis, tuvo trascendencia en el devenir de la estancia. El caso es que nos sientan en un sofa, en medio de ese pedazo de vestíbulo de mármol y sedas, y el Manager del hotel nos viene a dar la enhorabuena en persona, y nos comenta que, como regalo del hotel, han decidido aumentar la reserva a una suite, para que tengamos un mejor recuerdo de nuestra luna de miel en Udaipur. La verdad es que daba el pego, porque ibamos de una guisa total, vaqueros, zapatillas y camiseta, asi que pareciamos los dos tipicos pipiolos. Yo, para romper el hielo, anadir una nota de simpatica ironia, y sobre todo, despistar su mirada de nuestros dedos desprovistos de anillos, le comento que muchas gracias, vaya detalle, que dan ganas de divorciarse para casarse una segunda vez. Creo que no lo capto plenamente, aunque si el (fingido) cabreo de Lauren.
Asi que nos llevan a la habitación a hacer el check out in situ, y la suite, pues la bomba. Techos de seis o siete metros de altura, un salon igual de grande como mi casa (de aquí), lamparas / alfombras / muebles a tutiplé, el bano con mármol hasta en el techo, y la habitación con pinturas de bailarinas indias hechas a mano. Y una terrza privada de 200 metros cuadrados, con templete incluido, colgando sobre el Lago (Pichola, por si alguien no se acuerda). Autentico lujazo asiatico. Y ramo de flores con una tarta en la que pone ‘Congratulations”. Mientras cerramos el check in, nos comenta la amable recepcionista que aquí se rodaron las principales escenas de “Octopussy”, y que,si la queremos, esta a nuestra disposición, asi que por supuesto que accedimos a la oferta, como no. Tras irse, y en menos de tres minutos, llaman a la puerta, y aparece un fulano, vestido de Sandokan, con una bandeja con dos latas (Mirinda y Pepsi Light) y una bolsa de palomitas; me giro y le pregunto a Lauren si es cosa suya, pero me aclara el servicial botones que no, que es obsequio de la casa, para acompanar el visionado de la peli. Detallazo, y no hace falta decir que, a pesar de ser apenas las 11 am, las palomitas cayeron en el acto. Siguiente parada, la piscina, con profundidad maxima de un metro (para evitar ahogos), y ubicada justo enfrente de los dos palacios que el Maharaha de la ciudad posee en le ciudad. Al pedir un par de cervezas (el calor era tremendo), el camarero nos da la enhorabuena por nuestro enlace; me pregunto si alguien en la ciudad no estaba al tanto. Tras comer alli mismo, de vuelta a la habitación, nos encontramos con el Manager, que nos pregunta si todo esta bien, a nuestro gusto etc, y acto seguido, me comenta que claro, en la India el matrimonio es una cosa muy seria, y que lo del divorcio mejor ni mentarlo. Mejor no le saco del error y le digo que vamos en pecado (aclaro: cada vez que digo ‘nos’, es casi mayestatico, pues incluso en estos hoteles, se dirigen exclusivamente al hombre). Tras hacer un pequeño tour guiado por el hotel, que merece la pena, nos acoplamos en unas tumbonas de nuestra terraza a ver la puesta del sol, cuando oigo unos ruidos en el cuarto. Sigiloso, entro en la habitación, y veo que estan ordenando el cuarto, asi que, como no me han oido, pego un berrido que casi mata del susto al pobre botones. Y cuando me doy cuenta de lo que ha hecho, estupefacto, vuelvo ala terraza: Lauren, le digo, nos han cambiado el juego de cama por…seda negra. O sea, en plan puticlub fino.
En fin, anochece y hay que cenar, asi que vamos a la azotea del hotel, a cenar en una terraza enfrente de los dos palacios antes citados, y la verdad es que el momento es unico, estamos solos, nosotros dos de entre todo el planeta, y la ciudad iluminada. Chulisimo. Ademas, la comida, tipo ‘Continental’, esta bastante buena, el servicio excelente (a ver, hasta casi el final, estabamos solos) y amable, nos invitan a los postres y ponen a nuestro lado unas brasas para protegernos del relente. Abajo en el Lago (Pichola), hay entre nuestra isla y la costa una pequena plataforma que se puede alquilar para cenar, y parece que alguien lo ha hecho, pues vemos como una lancha va y viene preparando la mesa. Terminamos y nos vamos a jugar un rato al billar ( Lauren me gana por la minima) y al llegar a la habitación, la apoteosis: sobre la cama de seda negra el amable staff ha dejado un cofre con aceites para masaje y una cuidada edicion del Kama Sutra, digo yo que por si hay que ilustrarse. Eso si, todo como muy esmerado, nada vulgar….. En fin.
Al dia siguiente lo mas resenable, aparte de la tristeza del staff, que nos saco una foto de despedida, y nos dio sus mejores deseos (yo les comente que en mi proxima boda, volveria aquí, lo que suele ser motivo de risitas, no se si de compromiso o que de verdad les molan, pues para estas cosas son algo inocentes), y del desayuno brutal (casi tanto coo su precio), paramos en un par de tiendas de camino al aeropuerto. La gente nos comentaba el brutal descenso de los turistas, resultado combinado de la crisis y de los atentados. Por supuesto, no hicimos ademan de regatearle el precio, ni siquiera cuando nos pregunto de donde eramos, Lauren le dijo que espanoles, y nos comento quenos hacia precio mejor, que a los americanos e ingleses les cobraba doble, pero que a espanoles e italianos no…. Igualito que en Marruecos. Voy y me lo creo……


















