Goa es el Estado mas pequeno de India, con una extension equivalente a la mitad de Cantabria, si bien con una poblacion tres veces superior (es decir, aproximadamente 1,5 millones de habitantes, una minucia en este pais). Con uno de los mayores niveles de alfabetizacion y renta nacionales, goza de un clima y paisaje tropicales, adornando su territorio los palmerales, acuiferos, playas paradisiacas y decenas de cursos fluviales.Precisamente, la desembocadura del Zuari divide Goa Norte de Goa Sur, o lo que es lo mismo, la Goa mas noctambula, asequible y marchosa, de la Goa mas exclusiva y tranquila. Mientras mi avion iba descendiendo azotado por el viento de cola, anticipaba en mi cabeza lo que me encontraria en Goa, la meca costera de los hippies de Asia, la Ibiza del Mar Arabigo. Poco podia prever la sorpresa que me iba a llevar , aunque deberia haber tomado como pista el contraste , en medio de la jungla extendida sobre un manto arcilloso, de la silueta blanquisima de un campanario de estilo inconfundiblemente colonial, tan solo unos minutos antes de aterrizar. Tras salir de la minuscula y caotica terminal, sorteando mi camino entre hombres de negocios indios, adolescentes sajones, post hippies cincuentones, grupos organizados y choferes a la espera o captura de clientes, esquivando decenas de vehiculos compitiendo en generacion de ruido, la vision de los cocoteros y el calor humedo me recordaron la sensacion del Caribe sudamericano, lo que no haria sino acrecentarse durante los siguientes 45 minutos, mientras circulaba hacia la antigua Panjim (ahora Panaji), capital del Estado, por una serpenteante e irregular carretera flanqueada por estuarios, palmeras, barcos encallados y oxidados, chozas, antiguas casas coloniales y casetas – bares de vivos colores (pintura determinada por la imagen corporativa del patrocinador exclusivo de la fachada complate del local, sea este azul Pepsi o rojo Vodafone) Durante 450 anyos, Goa fue un importante enclave portugues en Asia, anterior a la presencia espanyola en Peru o Mexico, la influencia de la metropoli es aun palpable. A pesar de que el idioma portugues es casi patrimonio exclusivo de la toponimia (y por poco tiempo, pues ya se estan adaptando los nombres de las localidades al hindi), y de ciertos rotulos no exentos del romanticismo propio de los lusos (Rua do Ourem, Luiz Meneses e Filhos…), la huella de tantos anyos perdura en el espiritu de Panjim, y de Goa por extension. Miles de casas de estilo colonial jalonan la selva, nombres propios como Pereira o Almeida en las casas… y la costumbre de la siesta, que entre 13 y 16 horas paraliza toda actividad comercial. Incluso, muchas de las caras de los locales nos hacen pensar mas en los oriundos del Brasil, Cuba o Republica Dominicana que en la India, si bien la vista casi exclusiva de mujeres con sari en la playa de Panjim me reubican de nuevo. Me explican que, contrariamente a lo que pueda pensarse, los cristianos son aqui minoria, pero uno no para de ver iglesias, altares callejeros, imagineria catolica en los locales…y a varones con una cruz azul tatuada en la base del pulgar de la mano derecha, como si de una sociedad secreta, de una yakuza tropical, se tratase. Me asomo a la noche de la isla, y descubro que los cientos de bares, puestos y restaurantes que encauzan las angostas carreteras del norte de Goa no difieren en nada al ambiente de un Benidorm, o de un Magalluf, en verano. Musica machacona, copas de dudoso aspecto, inglesas generosas de cacha (y aun mas generosas en compartirla con el resto de la fauna nocturna), alevines de hooligan supurando alcohol por los poros , son la moneda comun en los locales. Incluso, el sitio central de la movida se llama tambien Tito ‘s. Espantado, me retiro pronto para conocer mejor el resto de la costa al dia siguiente. La parte Sur de Goa es algo menos exhuberante en vegetacion, pero tiene playas magnificas, de arena blanca y fina, y ha sabido seleccionar a sus visitantes a traves de cinco o seis exclusivos complejos hoteleros de los de a 300 dolares por noche, y esplendidos en decenas de piscinas para el banyo y decorativas, campos privados de golf de 9 hoyos, y kilometros de playa semidesiertas; logicamente la clientela es muy diferente, con muchos indios de luna de miel, jubilados britanicos y alemanes…. y un contingente enorme de rusos, que han hecho de Goa uno de sus destinos invernales predilectos. El Domingo por la manana me despido de Goa dando un paseo por la zona antigua de Panjim. Subo los escalones de la Iglesia de la Inmaculada Concepcion, casi cinco veces centenaria, y entro a tiempo de ver como acaba una misa oficiada en portugues. Ninguno de los asistentes es menos de 50 anyos, y a la salida charlan animadamente en el idioma de su antigua metropoli, idioma que es el suyo, pero que ya se ha perdido en sus hijos. Sus ropas, e incluso sus demanes, son los mismos que los de cualquier persona en un Domingo de provincias en la Peninsula Iberica. No puedo irme sin la pena de pensar que este idioma europeo, esta reliquia filologica e historica, en apenas dos o tres decadas, si no antes, esta condenado a desaparecer. De vuelta al aeropuerto, paro a ver la tumba de San Francisco Javier, enterrado en la Basilica del Bom Jesus, y comparo el marco tropical de su descanso con el recio castillo de Javier donde vino al mundo. Entre las iglesias blancas, ninyos con la camiseta de Brasil jugando al futbol, y animada musica de guitarra de fondo, pido ensalada de marisco con cebolla, pimiento, ajo y tomate (segun reza el menu), esperando algo parecido a una vinagreta o un pisto. Me lo sirven con curry. Era un espejismo, no era el Caribe, sino la India.