
Sabedores por las autoridades de que eramos solo 7 no indios los que estabamos en Sikkim ese fin de semana (nosotros 3 y por lo visto otros suecos), y animados por hecho tan singular, tras desayunar, hicimos algo de tiempo explorando la ciudad, que se encuentra diseminada por las laderas de una norme montana encontrada frente a otra, de tal modo que no deja lugar a valle o vega alguna. Tan empinadas son sus cuestas y tan extensamente desperdigadas sus casas y calles, que lo primero que llama la atención es el numero enorme, e indispensable, de taxis que hay en Gangtok, que en el idioma propio, significa “cima”. Asi que paramos a una taxi Vanette algo destartalada, con su mantita cubriendo los asientos, ventilador sobre la cabeza del conductor, suelo con una imitación de césped, y foto de Buda en un salpicadero recubierto por una funda o forro que pretendia imitar la piel de un yak. Juro que fue casualidad. Eso si, en el “loro” del coche, y a todo trapo, llevaba un CD que perfectament podria ser “Mejores Baladas Heavies de los 80”, y animados por esto, y animando al conductor con nuestros coros, empujados por los sones de “Every Rose Has Its Thorn” entre otros, acometimos las rampas de la ciudad hacia los 3 miradores que rodean la ciudad. No podria calcular cuantos metros subimos desde nuestro hotel, que en si mismo esta en la mitad de la ladera donde Gangtok se haya, pero si que os garantizo que estuvimos venga a subir otros 20 minutos, y que desde arriba, apenas se veia el comienzo de la ciudad y sus diminutas casas.
Hechas las visitas pertinentes, y con Luis ya pertrechado de diversos efectos de dudoso gusto y bajo precio (que te haran acreedor al titulo de “Turista Perfecto 2009”, macho), volvimos al hotel a esperar al jeep que nos llevaria hacia el Este, a ver un lago llamado Tsomlo, a casi 4,000 metros de altura, y que esta a unos 15 kms de China.
Este era el objetivo preferente del viaje, para el que hubimos de gestionar un permiso, perdon, salvoconducto, pues es zona militarizada, y que nos permitiria, si no llegar al la misma frontera indo-china (algo prohibido a los extranjeros), al menos si estar muy cerca de una zona remota y alejada de la mano de Dios, de Buda y de Zoroastro. Una vez mas, empezamos a subir, y a subir, y la carretera a empeorar, y empeorar, serpenteante, asfalto quebrado, pedrosos resto de desprendimientos recientes, piso embarrado, decenas de camiones militares bajando y subiendo de modo milagroso en tan estrecha pista, acantilados vertiginosos a nuestro lado, pueblos pobrisimos, con gente viviendo en la edad de piedra, casas hechas de chapa, mujeres fregando en arroyos, rios descendiendo turbulentos, familias hombres, mujeres y ninos picando piedra en las cunetas, caras tibetanas, bares de carretera con te y momos (dim sum) atendidos por hijas timidas y madres matriarcales que rigen el negocio, y seguimos subiendo, ya no hay vegetación, y llueve, y llueve, y las bubes quedan abajo, pero encontramos otras mas arriba, y contantemente hay presencia militar, decenas de barracones primitivos de chapa verde, garitas de ladrillo, soldados morenos desperdigados y con cara de estar pasando por un castigo mas que cumpliendo con su deber.
Y finalmente llegamos al lago. Y que quereis que os diga, si el dia anterior el comentario sobre los paisajes de Sikkim fue asimilarlo a nuestro Norte, el lago recordaba a los de Covadonga. Encerrado en una espesa nube, anuncio nuestra llegada el grito de unos 20 o 30 paisanos (no se el gentilicio: ¿sikkimeses?. En cualquier caso, imaginad a un grupo de tibetanos) que, tirando de varios yaks engalanados como caballitos de Jerez en la Feria, vinieron al trote ligero hacia estos tres bravos hispanos que les recibieron con el morro torcido, no por otro motivo mas que la peste que estos himalayicos animalicos (me refiero a los yak) y sus nada modestas deposiciones mezcladas con el fango despedian. Por supuesto no hubo paseito a lomos de tan peluda bestia ni nada similar, y como quiera que se dieron cuenta rapidamente de nuestro poca predisposición a soltar las rupias, en breve nos dejaron por imposible y prefirieron ahorrar sus energias para los turistas indios, mas propicios a hacer el idem con foto y falta de sentido del ridiculo incluidas. Empezamos a andar en parillo a este lago, hacia un pueblo que se levanta en su extremo mas septentrional. Y justo según rebasabamos su orilla final, un supuesto guia que nos acompanaba, y que apenas habia proferido palabra (lo que no sabemo si deriva de su ingles limitado, de una timidez congenita, o de una incompetencia absoluta para el desempeno de su trabajo), nos dice que ya no podemos andar mas, que esta prohibido. Ni que prohibido ni que narices, hasta que no nos pare un militar Sikh (Sij) enorme y aturbantado nosotros proseguimos nuestro camino, y dandole largas, llegamos hasta el pueblo, en donde se supone ya no podiamos estar y nos dimos un garbeo por ahí, asomandonos a la puerta del cuartelillo modesto y rudimentario que alli habia. Y llamarlo pueblo se antoja osado, pues se trata de una carretera flanqueada por no mas de 30 casas de chapa sin agua, luz ni electricidad, con picapedreros callejeros y lavanderas rurales, pues mas alla de esas casas solo hay piedras, arroyos y césped, pues por la altura del paraje ni un arbol, arbusto o matorral prospera. Y sin seguir hacieno ni punetero caso al plasta de nuestro guia, nos hicimos cuantas fotos quisimos, si bien como venganza no quiso aceptar nuestro intento de soborno de llevarnos hasta la misma frontera, zona militarizada y prohibida para nosotros, como ya he dicho, pero ya en este punto nos picaba mas el morbo que la curiosidad y solo eran 15 los kilómetros de distancia.
Fracasados en este intento, pues, y esquivando a los yak que como ponys de las ferias esperaban a los indios que iban a emular a John Wayne al estilo masala, iniciamos el camino de vuelta hacia Gangtok, descendiendo lo ascendido en medio de la niebla, la lluvia y alguna parada para ver como delante nuestro dinamitaban algunas rocas que obstruian la carretera, mientras se nos hacia la boca agua pensando en la cervecita “Hit” que nos esperaba de vuelta de la expedición.
No quiero dejar de relatar un curioso fenómeno que experimentamos en nuestra jornada, y es que, para mitigar los eventuales hambres o simples ganas de comer que nos podian asaltar, llevabamos en el coche agua y unas bolsitas de Lay’s (antes llamadas “Matutano”, y siempre, unas patatitas fritas). A medida que fuimos subiendo de Gangtok, que ya se encuentra a mas de 2,000 metros, observamos que las bolsas iban cogiendo volumen, que se iban hinchando vaya, como si alguien las estuviera inflando, hasta que literalmente estuvieron a punto de reventar, y duras como una piedra. Digo yo que la presion tendra que ver, y creo que es ilustrativo de la subida tremenda, en terminos de altura, que hicimos en un lapso relativamente breve de tiempo. Asi que, para evitar sustos o disgustos, acordamos el dar buena cuenta de ellas aun cuando el hambre aun no apretaba, y Luis, cual Tedax gastronomico, abrio un par de ellas. La tercera no nos dio tiempo, pues literalmente revento, con el consiguiente susto, pero sin que haya que lamentar la perdida material de ninguna patata, pues todas quedaron dentro de la bolsa, y eventualmente, en nuestras panzas.
Llegados pues a Gangtok, nos despedimos del pasmado de nuestro guia sin darl un duro de propina y procedimos a lo que se relata en el capitulo siguiente, que ya me toca dejar la oficina.









